Camerún, Ceuta, Península, Ceuta: volver para no olvidar donde empezó la Europa de Douglas

Douglas Monthe Ndjino ha vuelto a Ceuta. Contempla con una media sonrisa perdida la salida de 27 personas en la “laissez passer” del pasado miércoles, recordando tres años atrás cuando era él quien se enfrentaba a la incertidumbre de la Península. “Siento lo mismo que sentí cuando salí”. Ha venido a avisar a quienes cogerán el Baleària las próximas semanas o meses. “La Península es difícil”. Él desembarcó en Puente Genil, Córdoba, a 4.000 kilómetros de su Camerún natal. Su posición en el Estado español es estable gracias a la residencia que le otorga el estatus de refugiado, pero Douglas ya sueña con la nacionalidad, que le permitirá visitar a su familia en la tierra que lo vio nacer.

Douglas durante la entrevsta en un bar en el Puerto
Douglas durante la entrevsta en un bar en el Puerto

Con poco más de 25 años decidió venir a Europa para estudiar logística. En Douala, la capital económica camerunesa, y después en Kumba, trabajaba en una empresa de bebidas. Se le quedaba pequeño, así que decidió emprender la aventura de migrar. “Tuve la suerte de tener un viaje fácil”, explica el joven, plenamente consciente que no todo el mundo puede cruzar el desierto del Sáhara y salir indemne. Tardó tres meses en llegar a Marruecos, después de pararse uno entero en Argelia para trabajar.

La frontera entre los dos países del Magreb ya empezaba a apuntar maneras en el año 2016. Se había construido un enorme foso que separaba ambos Estados -similar al que ahora está construyendo Marruecos cerca de España– así que solo en grupo pudo franquearlo. Después de ayudarse, al último le lanzaron una cuerda para que pudiera salir, teniendo que llegar al fondo de la zanja para acceder a Marruecos.

Douglas el día de la última salida de residentes del CETI hacia la Península
Douglas el día de la última salida de residentes del CETI hacia la Península / Antonio Sempere

Se instaló en Tánger durante unos días, los suficientes como para poder negociar el precio de una patera que los introdujese a Ceuta. Con unos 2.000 dirhams se pagó el peaje, “entre muchos nos salía más barato”. Era el único camerunés del grupo que habían creado: cinco nigerianos y nigerianas, tres senegaleses y él. De madrugada rodearon el Monte Hacho, para desembarcar sin problemas cerca de San Amaro. Cruzaron el centro de la ciudad dirección a la comisaría de Policía Nacional sin que nadie percatara nada extraño. “Deberían pensar que éramos del CETI“. Una vez establecido el protocolo policial, empezaba la vida en Europa de Douglas.

En Ceuta estuvo tres meses, y aquí todavía no empezó lo que para el joven camerunés ha sido lo más duro: la integración. “Vives en grupo”, y más en un momento en que había mucho mas movimiento migratorio de población subsahariana. Además, Douglas se ríe porque recuerda que la ciudad caballa “era como Marruecos“. Ceuta fue un punto y aparte, un lugar que marcó un punto de inflexión en la vida del joven. Un pie dentro del sueño.

Seis meses acogido por la Cruz Roja de Puente Genil. Claramente, un pueblo de Córdoba no era la idea de Europa que él tenía. “No hice nada ese tiempo”. Pero nadie se cruza el desierto para no hacer nada, así que busco trabajo para la temporada de Navidad en una cadena de juguetes, y después accedió a un curso de cocina gracias a la fundación Don Bosco. Estuvo trabajando de cocinero y ahora probará suerte en Málaga.

La historia de Douglas la baña el sol de primavera
La historia de Douglas la baña el sol de primavera / Antonio Sempere

El miércoles pasado Douglas guardaba silencio en la plaza de la Constitución. Homenaje y reflexión necesaria por las personas que el último mes han perdido la vida. El manifiesto hacía hincapié en todos los retrocesos políticos en materia de libertad de movimientos. Su visita al CETI le ha dejado un sabor agridulce por los recuerdos vividos y por saber el por que ahora no hay decenas de personas subsaharianas en los alrededores del recinto.

La Frontera Sur cada vez está más blindada, y Douglas, que de momento ha conseguido franquearla, le diría a los jóvenes de su país que “no salgan”. Que Níger cada vez es más hostil. Que en el camino más peligros acechan en forma de crueldad humana. Que Marruecos es un territorio cruel para quien tiene la piel negra. Que en España hay mucho racismo, aunque “antes me molestaba pero ahora -suspiro resignado- me da igual”. Si todo fuese bien, si los estudios de logística que empezará estudiar el año que viene dan sus frutos y puede labrar un vida digna, “a la larga quiero volver a Camerún“.

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Autor: Gabriel Barba

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